febrero 21, 2009

El comiendo del Fin II

Pensando tal vez en lo real que era mi vida, me di cuenta de que de verdad era tarde, y que el colegio hoy me esperaba de nuevo, pero hoy no era un día como cualquier otro, no era un día normal, era el primer día de clase, y para colmo no sólo eso, sino que era el último primer día de clase.

La flojera ese día no tenía lugar en mi cuerpo, estaba demasiado ansioso, era la última vez que iba a entrar en mi colegio y nos iban a dar la bienvenida como alumnos, la última vez que vería a los profesores que me molestaron horas de horas por toda la secundaria, pero algo era para mí más importante, era ver la lista de mis amigos, los que compartiríamos los chongos y travesuras del salón en este último año, era una sensación fuera de este planeta, era un éxtasis increíble, y más, si lo hacías por última vez.

El año pasado había hecho algo muy entretenido, me levante temprano para acompañar a mi enamorada a su último primer día de clases. Este año lo tendría que hacer solo, por el simple hecho de no tener a nadie con quien ir, la vida con ella fue muy entretenida, demasiada llena de emociones y alegrías, pero al final siempre todo se acaba, como los cuentos, como mi cuento.

- Tienes que entender las cosas como son. – dijo ella, las lágrimas hacían mas dramática su actuación, pero le daba a la imagen un toque de melancolía extrema.
- Tu ves las cosas como quieres, te juro que no puedo ver lo que ves, si me dijeras donde esta el error, te juro que te dejo aquí y nunca más te vuelvo a ver – la mentira m´ss grande del mundo -, no quiero seguir en este juego sabes, pero no invento problemas donde no los hay, digo las cosas como son, ¿no es lo que tu quieres?
- Nunca supiste lo que quería, crees que ahora puedes venir y decirme que sabes todo, entiende Juan Diego, nunca te diste cuenta, y menos ahora…-
- ¿Nunca? Me estas tomando el pelo ¿cierto?, tu crees que lo sabes todo, eres diferente, yo conocí a una Andrea diferente, pero la verdad es que eres la persona que sale cuando las cosas salen mal- tratando de dramatizar a mi favor – piensa como quieras ¿si?, yo me voy, cuídate mucho, y trata de ser feliz.
- Tu siempre fuiste así, escapaste de los problemas con un adiós, y eso no cambia en ti, sigues siendo el niño inmaduro que conocí, del niño que me enamore, del niño que quiero todavía, pero no se Juandi, no lo sé, hay algo diferente en ti.
- Estoy creciendo Andrea, estoy madurando y eso te jodejodido y jodiendo a los demás -, te jode que no sea el engreído de hace tiempo, que ya no dependa de ti, y eso no te da seguridad, porque sientes que ya no doy vueltas alrededor tuyo, ya no eres mi centro, y eso te jode.

Si sus lágrimas fueran oro, en ese momento hubiéramos sido millonarios sólo por ella, yo simplemente no tenía la necesidad de llorar, me estaba desahogando con las palabras que salían de mi boca, estaba lanzando las dagas del dolor, quizás por eso yo no lloraba, porque yo era el verdugo y ella la víctima.

- Sabes que no es eso, lo que tu quieres es hacerme creer que es mi culpa y no lo vas a conseguir, tu sabes que no es culpa de nadie, ¿Por qué me haces esto?- Sollozó
- Quizás tengas razón, pero es que… tu me pones así, me haces sentir mal, y no es porque estemos terminando, sino porque, me dices que me dejaste de querer, porque no sientes nada por mi, y así de un día para otro, no te entiendo, ¿como es que sabes que es así?, si es de un día para otro, puedes pensarlo – tratando de salir de la tormenta, pero era tarde, 3 meses tarde – y tal vez logramos salvar lo nuestro…-
- Salvar qué Juandi, salvar qué, entiende que esto no es lo mismo, sea como fuese, o como quisiéramos que fuese, no es lo mismo y nunca lo será…-

La crueldad en mi corazón, hacia que me diera cuenta de que el dolor en sus ojos me hacia felíz, era porque en ese momento di el paso que convierte al amor en odio, di el paso que marcaría mi vida, y cambiaría radicalmente el sentido de ella.

- Que nos queda Andrea, que nos queda ahora que nada somos…- quería una telellorona, quería verla llorar de nuevo.
- ¿Nada? Juan Diego somos amigos, y lo seremos siempre- quería hacerme ver las cosas de otra manera, quería hacerme feliz...imposible.- tu eres y serás un amigo muy querido Juandi.
- Espero que sea así…- el reloj era un traicionero, se me hacia tarde, tenia que irme.
- Mira Juandi yo…- la interrumpí, quizás no debí.
- Andreita, me voy, tengo que ir a mi academia, estoy un poco tarde-

E hice un gesto que la marcara de por vida, como la marca de vacuna que todos tenemos en el hombro derecho, o como el hecho de que te den la bendición antes de salir a la calle. Lo único que hice fue besarla en la fente, un beso que tal vez nadie volvería a darle, nunca más.

Y otra vez un remolino en mi estómago me hizo devolver a mi presente, me hizo regresar a un momento donde era mas fácil aparentar todo, aunque solo habían pasado dos semanas, ya no sentía nada, ni una sola pizca de amor, se desvaneció de una manera volátil, como el alcohol.

- Mama ¿ya está mi desayuno?- 16 años y mi madre todavía me hacia el desayuno, cuanta vergüenza aguantada en mi interior, eras basura tío.
- Si Juan Diego, apúrate por favor-

5 comentarios:

  1. yo tmb te admiro xD jajajajaja

    ResponderEliminar
  2. me encanta ...de veras q serias bueno para esoo ..!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  3. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar
  4. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar